México consolidó su posición como el principal exportador de manufacturas en América Latina, exportando más bienes manufacturados que todos los demás países latinoamericanos juntos, alcanzando un punto destacado en su desarrollo económico e industrial.
En particular, se experimentó un ascenso en la industria automotriz, pasando del noveno al cuarto lugar como exportador de vehículos a nivel mundial. Este logro no solo reflejó la capacidad de México para competir en el mercado global, sino también su capacidad para innovar y adaptarse a las demandas cambiantes de la industria manufacturera.
Todo esto fue posible, gracias a una política decidida de impulso a la competitividad, basada en: –la reducción de tarifas arancelarias, con la que se logró que el arancel promedio pasara del 11 al 5 por ciento; –la apertura comercial que colocó a México como la nación con más tratados comerciales con otros países del mundo; –el fortalecimiento del valor humano, que permitió que año tras año se graduaran más de cien mil ingenieros de las universidades mexicanas; –una decidida política de promoción de la inversión nacional y extranjera.